Esta receta es una de las múltiples delicias que nos ofrece
la gastronomía marroquí. La última vez que la probé fue en mi viaje a
Chefchaouen el año pasado, concretamente en Casa Hassan, donde aparte de tener el placer de cenar en un ryad
precioso y con una atención exquisita, a un precio súper popular, tuve la
oportunidad de degustar una maravillosa versión de este plato típico de la cocina
tradicional de nuestros vecinos del sur.
En este caso, adapto la receta a cocineros ciclistas, pero
es trasladable a corredores de fondo, triatletas, autónomos, mamás y abuelas. En general, apta para los que
tenemos la agenda algo apretada!!! Sin embargo, el resultado es buenísimo, y
apto para todos los paladares. Seguro que no queda ni un poco en los platos!!
Además, como todavía no estoy tan bien equipada como me
gustaría, la receta la elaboro sin un elemento que, en principio, es
fundamental para preparar este guiso, como es el archiconocido “tagine”… o
quizá no tan conocido para algunos de vosotros… bueno para los que no sepáis de
qué estoy hablando, es el instrumento de barro con el que se preparan de forma
tradicional todas las recetas en Marruecos. Esta foto os hará daros cuenta de que sí que
lo conocéis, porque puede encontrarse ya en muchas tiendecitas:
INGREDIENTES PARA 4 PERSONAS (UNO O DOS CICLISTAS COMO MÁXIMO)
500g de carne de ternera picada fina.
1 lata de tomate triturado (el mejor: Martinete, para el
avío: Hacendado).
1 latita de tomate doble concentrado Hacendado.
1 cebolla.
3 dientes de ajo.
4 huevos.
Aceite de Oliva Virgen Extra.
Azúcar.
Combinado de hierbas y especias (cada cual a su gusto):
PREPARACIÓN
Antes
de salir en bicicleta, después de haber desayunado, para ir digiriendo un poco
antes de empezar a hacer ejercicio, dejaremos la carne marinando con las hierbas
y las especias detalladas arriba. Se le añade un poco de aceite de oliva y se
amasa con las manos para que se distribuyan de forma homogénea y la carne tome
el sabor. Lo cubrimos con film transparente, la metemos en el frigo y nos vamos
de ruta.
Cuando
volvamos de nuestra ruta (mínimo 120 minutos, y ya que vamos a degustar un plato
tan nutritivo, espero que hayamos rodado a buen ritmo), antes de subir a la
ducha, y con las manos bien limpias (con la precaución de habernos quitado ya
el casco), sacamos la carne del frigorífico para que temple.
Al
salir de la ducha, ya relajaditos, cortamos los tres dientes de ajo muy picaditos y troceamos en cuadritos una cebolla. Lo pochamos todo en aceite de oliva a fuego lento en una olla de base amplia. Cuando
esté dorándose, añadimos un par de cucharadas de azúcar y caramelizamos.
Después,
abrimos la lata de tomates, y la vertemos en la olla. Mareamos un poco el
tomate, y añadimos el concentrado (fíjate, qué color más bonito!! Y encima
aporta textura, y un sabor alucinante!!). Ponemos además, otra ración generosa del combinado de hierbas y especias, y dejamos friéndose el tomate a fuego
medio-bajo. Es el momento de descargarse el entrenamiento en el ordenador...
Cuando
el tomate esté casi frito (unos 15 minutos), vamos haciendo bolitas con nuestra
carne picada, formando albóndigas, y las ponemos en la salsa de tomate. En unos
15-20 minutos (depende de lo brutos que hayamos sido con el tamaño de las
albóndigas), estarán hechas. He de dejar claro, que la idea de hacer un solo albondigón
no la he probado, pero sospecho que no va a funcionar, así que los ciclistas
ansiosos deberán calmar un poco el hambre (¿qué tal unas aceitunas mientras
preparamos la comida?) y tomarse la molestia de moldear unas cuantas
albóndigas. Es el momento de poner a
precalentar el horno a 200º, por arriba y por abajo.
Cuando
las albóndigas estén hechas, y para imitar el efecto original del tagine,
cogeremos una cazuelita de barro, pondremos el guiso en ella y cascaremos
encima un huevo por persona. Puede servirse de forma individual o todo en una
cazuela más amplia. Metemos en el horno unos 20 minutos y listo!!
Naturalmente,
como toda la comida marroquí, se come sin cubiertos: pan, manos bien limpias y
maestría para manejar lo que comemos con 2 o 3 dedos como máximo. Como decía
una de las personas más importantes de mi vida: “Se come con los dedos, no con
las manos!”.
Bueno,
ya me diréis si os gusta!! Bsahah!!