Cuando abre el azahar en el sur de España, las casas se llenan de aromas sugerentes herederos de siglos de tradición en la antigua Al-Andalus. Desde entonces, generaciones de mujeres se han sucedido, tratando de mantener viva la llama de aquella cultura que un día iluminó al mundo.
Es cierto que la tradición gastronómica evolucionó, a veces perdiendo algo de refinamiento, y otras, añadiendo nuevos sabores e ingredientes, pero lo cierto es que, paradójicamente, Andalucía no es más mora en otra época que cuando celebra la fiesta cristiana de la Semana Santa: Quizá sea un intento de demostrar que es "Cristiana Vieja", al recordar con temores atávicos el día en el que los invasores del norte le usurparon su identidad.
Porque en tardes como esta me acuerdo de mi casa, me he decidido a hacer la receta de torrijas de mi padre. Como era de esperar, me he permitido realizar algunas aportaciones, para tratar de superar al maestro. En lugar de vino tinto, le he añadido vino dulce Málaga, el aroma de las naranjas que él mismo cría con cariño y esmero, y unas ramitas de canela.
Veamos la receta:
Ingredientes
600 gr de pan de molde hecho rebanadas.
1 litro de leche entera.
1 vaso de vino de Málaga.
4 huevos
La cáscara de una naranja y la ralladura de otra.
Dos palitos de canela.
Canela en polvo.
1/2 litro de aceite de oliva 0'4º
1'5 litros de miel.
100 ml de agua.
Elaboración
En un bol, batir los huevos. Una vez batidos, añadirles el vino y la leche. Mezclar bien. Añadirle la leche aromatizada con la cáscara de naranja (que debe retirarse en este momento) y la canela. Rallar la piel de una naranja encima.
Cuando hayamos frito las torrijas las vamos colocando sobre una rejilla con papel absorbente.
Cuando acabemos de enmelarlas todas, se vierte el resto de miel en el recipiente con las torrijas.
Potencialmente, duran toda la Semana Santa, pero en general, la familia suele acabar con ellas antes de la resurrección.
¡¡Mucha suerte, y a disfrutarlas!!
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