lunes, 31 de diciembre de 2007

Feliz 2008

Bueno, son las 20:41 y por hoy doy por concluida la sesión de estudios... teniendo en cuenta que es fin de año y mi cumpleaños, creo que he cumplido con creces...
En fin, el año se acaba... espero que el próximo traiga novedades (especialmente mi ansiada plaza de Traumatología!!), buenos ratos y un poco más de tiempo libre, que es lo que más echo de menos después de un año de vida asceta recluida en Carranza, 12.

Bueno, no me alargo, que es Nochevieja y no pega estar delante del ordenador... Feliz 2008 a todos y no olvidéis que me podéis enviar los regalos que queráis con motivo de mi 25 cumpleaños... Un besoooo!!!!!!

sábado, 15 de diciembre de 2007

Bizcocho de limón y yogur.

Esta receta es muy popular en mi pueblo, Alcalá del Río. Me gusta mucho porque es muy fácil de recordar, y el resultado es siempre estupendo. Seguro que os gustará, así que os animo a intentar hacerla.

Ingredientes.

1 yogur de limón no desnatado.
1 vasito de yogur de aceite de oliva de 0'4º.
2 vasitos de yogur de azúcar.
3 vasitos de yogur de harina de trigo.
1 limón.
1 sobre de levadura.
3 huevos

Elaboración.

Se mezcla en un bol el yogur, el aceite de oliva, los huevos, el azúcar, la ralladura del limón y el zumo de la mitad del limón.
Una vez lograda una mezcla homogénea, se añaden los tres vasitos de harina mezclados previamente con la levadura.
Se puede trabajar la masa con la batidora, para que homogeneice.
Se vierte la mezcla en un molde untado con mantequilla y harina, y se mete unos 25' en el horno a 180º, previamente calentado.

A disfrutar!! Ya me diréis si os salió bueno!!

sábado, 1 de diciembre de 2007

Marruecos

Si existe un lugar donde el tiempo se funde para tranformar el espacio en la escena de un sueño, ese lugar es Marruecos.

Colorista, vivo, misterioso, milenario, ardiente, seductor, temperamental... Marruecos supone para el visitante un cambio de dimensión, un viaje ultratemporal.

Desde la profundísima belleza de su arquitectura intimista, de interiores exuberantes y fachadas discretas, hasta lo embriagador de sus sabores y aromas, que se confunden en sus innumerables platos tradicionales que combinan a la perfección las frutas secas, las carnes más sabrosas, las almendras y el perfume hipnótico del agua de azahar o de rosas, traducen al arte el lenguaje del carácter marroquí.

Los marroquíes, constituyen en efecto un pueblo multiétnico, muy dispar en cuanto a lenguas, tradiciones, vestidos y forma de vida, pero existe entre ellos un nexo común: la hospitalidad. El arte de recibir es refinadísimo y una devoción para el marroquí, que espera por supuesto que sepamos apreciar lo delicado de lo que nos ofrece y que reconozcamos con un "shukaran bsaf" tantas veces como sea necesario, su dedicación a agradarnos como invitados.

Si el viajero quiere conocer Marruecos, en su esencia verdadera y exacta, no debe cometer el error de visitarlo sólo, ya que no logrará comprender su lenguaje. Es imprescindible hacerse acompañar por una persona autóctona, que nos traduzca el sentido de lo que nos rodea y que nos revele las maravillas que se ocultan misteriosamente tras sutiles velos de modestía y humildad.

Son de obligada visita ciudades como Tánger, Fez, Casablanca, Rabat, Meknes, Ifrane, Essaouira, Agadir, Marrakesh... y un sinfin de otros pequeños pueblos llenos de encanto como Assilah, Chaouen, Azrou...

El visitante debe degustar el delicioso té marroquí, que se elabora con té verde y hierbabuena, junto con algunas muestras de la sublime pastelería marroquí, de profunda tradición, con la que tendrá el placer de adivinar sabores delicadísimos y envolventes que le transportarán al paraíso.

Si queremos conocer profundamente la filosofía marroquí tradicional tenemos que visitar la medina. ¡Qué lugar tan auténtico, tan intenso, tan desmesuradamente hermoso! Las tiendas de especias multicolores se mezclan con tiendas de tejidos con los más trabajados bordados y estampados, se funden con platerías de lo más coqueto, lindan con tiendas de dátiles y dulces con miel. Merece la pena llevar un poco de dinero, comprar una milhojas para comer mientras visitamos la medina, hacernos con unas zapatillas típicas, comprar algún tejido, llevarnos una pulsera y adquirir alguna lámpara de piel de cabra. No olvidaremos visitar la medina con un amigo del país, que nos asistirá en el imprescindible regateo, y sobre todo no perderemos nunca la sonrisa y el buen humor, que son obligados en el comercio tradicional.

En fin, Marruecos es un país interesantísimo, en el que se descubren nuevos horizontes y se disfruta del placer de vivir como en ningún otro sitio. Si queremos sentir que realmente hemos vivido, debemos visitarlo. Una vez que lo conozcamos, quedaremos enamorados para siempre.